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Cuando se habla de autoestima, muchas veces imaginamos esa idea de «querernos y valorarnos», pero la realidad es más compleja: la autoestima no significa sentirnos bien todo el tiempo ni estar siempre satisfechas/os con cada una de las partes que construyen nuestra identidad.  

La autoestima no es algo fijo ni estable. No es un estado, sino un proceso. Se construye (y también se modifica) a lo largo de nuestra vida, a partir de nuestras experiencias, nuestros vínculos, y del contexto en el que vivimos.